EL LEGENDARIO PAITITI

    Los españoles alcanzaron a recoger vagos informes sobre un legendario estado (reino decían), que habría existido en el interior selvático, hacia el este del Cusco: el Paititi. Este mitológico Paititi puede ser, precisamente, una referencia al remoto origen cultural del Departamento, a las condiciones que habrían prevalecido con anterioridad al incario y tal vez paralelamente al mismo Tahuantinsuyo. El legendario Paititi ha sido buscado intensamente durante siglos y aún se prosigue con este empeño, tal como sucedió con la vieja Vilcabamba o Vilcabamba la Vieja. Estas búsquedas darían ocasión al hallazgo de otros restos arqueológicos en la Amazonía Peruana. El Paititi habría estado situado en la cuenca del Madre de Dios y quizás algún día se logre dar con el fabuloso lugar, con los muros de una ciudad sepultada bajo masas espesas de vegetación. El “Gran Paitití” es una supuesta urbe hecha de oro, donde según se narra está encerrada de magia. Se dice está perdida al este de los Andes, escondida en alguna parte de la selva tropical del amazonas, como referencia en las leyendas se dice que está al norte de Bolivia y suroeste de Brasil y que es una “continuación” de El Dorado. Esta es una leyenda amazónica que se habla desde 1635 cuando en las “Crónicas de Lizarazu” (escritas por el magistrado español Juan de Lizarazu y García de Recáin en la era virreinal), donde se habla del Inca Guaynaapoc y su viaje de vuelta hasta el reino de su padre Manco, en el Paititi, más allá del Río Guaporé (lugar al norte de Brasil donde se encuentra el Estado de Rondonia). En la historia del Perú la leyenda gira en torno al héroe Inkarri, quien después de fundar las comunidades de Q’ero y Cusco se retiró hacia la selva de Pantiacolla, a vivir sus últimos días en la ciudad de su refugio: Paitití. Así también se habla de Paititi como un refugio de los Incas en la zona fronteriza entre Bolivia y Brasil. En el siglo 21 el lugar que supuestamente ocupa, está en Bolivia, donde muchos exploradores españoles fueron a su búsqueda, descubriendo solo pueblos indígenas donde se realizó un trabajo de evangelización. Así se escribe que muchos viajeros llegaron a toparse con cantidades de oro, pero no era lo que se describía según la leyenda del Paitití. Ya en el 2001, el arqueólogo italiano Mario Polia descubrió en los archivos de los Jesuitas en Roma un informe del misionario Andrea López. En este informe, cuyo origen data de alrededor del año 1600, López habla de una ciudad grande, rica en oro, plata y joyas, ubicada en medio de la selva tropical, cerca de una catarata llamada Paititi por los nativos. Según se cuenta López informó al Papa de su descubrimiento, pero algunas teorías conspiracionistas cuentan que el lugar exacto de Paititi ha sido mantenido en secreto por el Vaticano. Hay quienes sugieren que el mito refleja una realidad concreta, y que la ciudad del Paititi y sus riquezas se encuentran probablemente en las selvas montañosas del sureste peruano, en el departamento de Madre de Dios, donde actualmente se desarrollan actividades ilegales de tala de árboles y minería contaminante. Lo único cierto es que nadie ha descubierto la gran ciudad de oro de los incas, Paititi la cual no guarda solo oro, sino también una historia del misterio del antiguo Perú y el desarrollo de un imperio que del Cusco, se expandió hasta más allá de las fronteras del Perú actual.... Por el momento, sólo se cuenta como leyenda.

     

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