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Monseñor Martínez, obispo de Puerto Maldonado: “La exhortación es un despertar muy fuerte para las comunidades que querían sumarse al extractivismo”

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Me gustó mucho el tono poético, que el Papa haya hecho un poema de amor. Me parece que es muy bonito, muy ingenioso, muy oportuno, que él ha mostrado el profundo que amor que tiene a esta tierra y sus habitantes, y nos quiere compartir a su amada, quiere compartir a esta Amazonía y, de alguna manera, quiere invitar a toda la Iglesia a dejarse enamorar.

Lo primero que me llamó la atención fue eso. Los textos del Papa Francisco siempre son muy sencillos de leer, son muy amigables, se leen muy bien, no son textos complicados. Me sorprendió que haya metido ese tono de poesía, que le da una belleza y le da un encanto muy grande.

Desde el principio, el Papa dice que hay que leer y aplicar el Documento Final y que no lo va a citar. Para alguien que participó en el equipo de elaboración de ese documento, la exhortación recoge lo fundamental de ese documento?

Sí, yo creo que sí. Hablando con el cardenal Czerny, comentábamos que habrá un 60% del Documento Final del Sínodo y un 40% que el Papa va poniendo. A mí me parece que lo fundamental del Sínodo está ahí contemplado, incluso del Instrumentum Laboris, que es el clamor de la Amazonía, las dificultades por las que pasan los pueblos, como eso es algo que tiene que ver con un sistema mundial, con este mundo que nos hemos inventado. Está muy clara la presencia de los pueblos indígenas, pero quizás como que el Papa ha tenido mucho más tiempo para elaborar las cosas y lo expresa mucho mejor. Tiene una mirada hacia los pueblos indígenas de reconocimiento, de cariño, pero una mirada también muy realista, descubriendo las contradicciones que están presentes en estos pueblos.

En cuanto a los retos ecológicos que tenemos, intentar buscar alternativas, también el Papa lo recoge muy bien y expresa muy bien la reflexión de los pueblos hacia los territorios y lo que eso supone para sus vidas. En los retos culturales, el reto que tiene la Iglesia de inculturarse y de descubrir las raíces, pero sin hacer un idealismo. Ahí el Papa puede desarrollar un poco más que lo que se hizo en el documento del Sínodo, no hacer tampoco un idealismo de una cultura, que impida el mestizaje, que siempre enriquece. El Papa desarrolla mucho mejor los elementos del Documento Final.

La eclesiología sobre todo, porque ha puesto una centralidad en Cristo, que quizás no se había logrado expresar con tanta fuerza en el Documento Final. El Papa, en la parte eclesiológica, ya lo había anunciado en el Sínodo, que la conversión eclesial era la más importante. Ahora, en el sueño eclesial, que tiene 50 números de los 111 que tiene la exhortación, lo centra muy bien en Cristo, como el gran regalo que nos hace Dios Padre a la humanidad, y como Cristo es quien nos enseña a ser hermanos entre nosotros y a cuidar el ambiente. Por eso, de Cristo nace todo el compromiso con el cuidado de la Tierra y el cuidado de los pueblos. Me gusta mucho como desarrolla toda la parte cristológica, que en el Documento aparecía, pero no se pudo desarrollar tan bonito como lo ha hecho el Papa en esta exhortación.

El hecho de que insista en leer y aplicar el Documento final, ¿ayuda a entender que el Sínodo es un proceso, que ninguna etapa se entiende sin complementarse con las anteriores y con las siguientes?

Así es. Que el Papa nos invite a leer detenidamente y a tener en cuenta el Documento Final del Sínodo, y todo el esfuerzo del Papa de conectar con el Magisterio de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, está echando una mano al pasado, al Magisterio, está demostrando la continuidad que hay. Luego, el propio Magisterio de Francisco, esta exhortación es una concreción de la Evangelii Gaudium y de la Laudato Si, muy bonita. Dentro del Magisterio de Francisco hay un proceso, un seguir, el Papa Francisco no nos ofrece un trabajo ya terminado, con una meta definida, sino que el Papa Francisco sigue alimentando procesos. Ya nos lo decía en el Sínodo, más que pragmático, quiere ser paradigmático, generar procesos.

Esta exhortación es un proceso que engancha con lo anterior, no sólo con Evangelii Gaudium y Laudato Si, sino con el Magisterio de Juan Pablo II y de Benedicto, y pretende lanzarlo hacia un futuro, conectarlo con una Iglesia que tiene que seguir avanzando. Y nos pide a los obispos que sigamos pensando, nos pide a los pastores que sigamos reflexionando, a las Iglesias que sigan reinventando, que sigamos siendo audaces y que no nos quedemos con soluciones rápidas y aparentemente fáciles, que pueden incluso no lograr el consenso deseado. Nos invita a transcender esa primeras decisiones que tomamos e intentar buscar soluciones que superen las contradicciones.

Inclusive, hablando de esa dimensión de proceso, en el último número, el 111, el Papa insistir en continuar, dando a entender que ahora son las Iglesias locales las que tienen que continuar. ¿Podríamos decir que el Papa está devolviendo la pelota a la Iglesia de la Amazonía, lo que abre nuevas posibilidades de futuro, a partir de como eso se concrete en las Iglesias locales?

El Papa tiene muy presente los retos que los obispos llevaron al Sínodo. Creo que el Papa tiene confianza, lo hablaba en la Evangelii Gaudium, de una sana descentralización. Él daba un cierto protagonismo a las Iglesias locales y regionales. En este sentido, el Papa, después de esta exhortación, nos va a seguir exigiendo, me imagino que a través del comité postsinodal, que vayamos concretando aquellas ideas que se plantearon en el Sínodo y que puedan ir provocando un seguimiento o una continuidad. Desde la reflexión de las propias Iglesias locales, que se pueda ir desarrollando este plan pastoral y que se pueda ir avanzando.

Para alguien que conoce el mundo indígena, que fue misionero durante más de una década, ¿qué es lo que supone esta exhortación y todo el proceso sinodal para el mundo indígena amazónico?

Lo que supone es una palabra de ánimo a tantos misioneros y misioneras que están impulsando el campo de la inculturación, y que intentan llevar el mensaje de Cristo con unas categorías entendibles por las nuevas culturas que lo reciben. En ese sentido, es como un espaldarazo del Papa, que dice, caminen, no están ustedes solos, toda la Iglesia está con ustedes.

Para los pueblos indígenas, aquellos que han recibido el mensaje de Cristo, que se sienten identificados y quieren participar activamente en la Iglesia, es un sentir que son parte importante de esta Iglesia, que se considera que ellos tienen algo que aportar también a la Iglesia en su proceso de conversión. El indígena pasa de ser objeto de la evangelización a ser sujeto. Eso es muy importante, porque una de las reflexiones que se hacía en el Sínodo y también en el Instrumentum Laboris es como que se sentían fuera de la evangelización, porque no llegaban a empoderarse y sentirse parte de la Iglesia. No sentían a la Iglesia como algo propio, sino como una entidad extranjera. Este documento, quieras que no, les pone a los pueblos indígenas en el centro, y les hace sentir que ellos misioneros y que son parte de esta obra misionera de la Iglesia, no son objetos, sino sujetos.

La mayoría de las críticas, de un lado y de otro, han llegado de fuera de la Iglesia de la Amazonía. ¿Se podría decir que solamente se entiende la realidad de la Iglesia amazónica cuando de hecho se conoce, cuando se vive la Amazonía y se entienden las diferentes dimensiones, sobre todo de espacio y de tiempo?

Es cierto que quien está en la Amazonía es quien más conoce, pero también, siempre viene bien una perspectiva de alguien que desde la distancia ayuda a centrar las ideas y comprender los procesos. Lo que pasa es que, en este sentido, se veía este Sínodo para la Amazonía como una esperanza y un anhelo de algo muy esperado por muchas iglesias, de una frescura. Ha habido muchos sectores de Iglesia que veían que la Amazonía, unos entendían que podía desordenar un poco la casa, podía desordenar la Iglesia, en tanto en cuanto que es una visión pastoralista más que dogmática.

Otros esperaban que desde la Amazonía podía llegar un aire fresco que viniese a resolver todos los problemas de la Iglesia universal. Probablemente, ni unos ni otros tenían tanta razón. En ese sentido, sí que se percibía, entre comillas, una pequeñas presión por parte de iglesias del mundo, o bien para refrescarse, o bien para evitar que se desordenara la casa. Pero, no sé, yo creo que el Espíritu va haciendo su trabajo, y está trabajando en los corazones de unos y otros, de los creyentes. Y nos va ayudando a comprendernos, a entender los diferentes puntos de vista, y como dice el Papa Francisco, a superar las contradicciones, las diferentes visiones, a superarlas por desborde, por un ir más allá, un pensar más allá, y encontrar unas soluciones que nos comprometan a todas las partes, que sean más de consenso.

Desde su experiencia en Puerto Maldonado, primero como misionero, ahora como obispo, ¿qué es lo que puede suponer este proceso sinodal para las Iglesia locales?

Un fortalecimiento grande. Incluso antes del Sínodo hay una continuidad, yo siento una libertad grande y un empuje fuerte por parte del Papa Francisco, de su Magisterio. Un empuje fuerte a ser audaces, que es la palabra que él usa, a ser audaces a la hora de buscar soluciones a los retos. Primero a asumir los retos, y luego a asumirlos con valentía, con parresia y ser audaces, poner también toda la inteligencia, todos los sentidos en ello. Todo esto lo que nos hace es despertar del letargo, no conformarnos con lo que siempre se ha hecho. Decir, si vamos a seguir haciendo todas las cosas, lo más probable es que todo siga igual. Si queremos cambiar, evidentemente, habrá que meter factores de corrección, factores de despertar un poco a la gente, de reanimarnos, de responde a los retos.

Para mí esta exhortación y este movimiento del Sínodo amazónico está siendo un despertar muy fuerte de las comunidades que corrían el riesgo de sumarse al extractivismo. Quizás por desidia, o por no encontrar alternativas, y creo que todo esto hace a las comunidades ponerse en pie y decir, vamos a seguir peleando por nuestros pueblos, por nuestras raíces, vamos a seguir peleando por nuestra tierra, por nuestro territorio, porque tenemos quien nos apoye.

Podríamos decir que hasta ahora, durante todo el proceso vivido, se han plantado las semillas para que los nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral se hagan realidad. En líneas generales, sabiendo que cada realidad local es diferente, ¿cuáles serían las actitudes fundamentales para que esos frutos puedan llegar?

La actitud fundamental es la conciencia de conversión. En la Amazonía, yo hablo desde la perspectiva de la Amazonía andina, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, no sé si Venezuela también una partecita, donde en buena parte, la Amazonía es una Amazonía que ha migrado del ande, de otros lugares, de otras culturas. Es importante un proceso de amazonización, es lo primero que deberíamos tener, de tomar conciencia de que tenemos que amar a la Amazonía. Lo que dice el Papa Francisco, vamos a amar la Amazonía más que usarla, vamos a sentirla como casa más que como recurso.

Lo segundo, un proceso de comunión, de comunicación, entre los diferentes pueblos de la Amazonía. El papa Francisco hizo sugerencias muy bonitas, entre la ciudad y el campo, intentar romper esa estructura, que el campo pueda disfrutar de los beneficios que da la ciudad y que la ciudad se deje enriquecer de lo que procede del mundo rural. Porque la ciudad tiende a deshumanizarse y qué bonito que el mundo rural ayude también a la ciudad. Me parece que es una actitud bonita de diálogo entre las diferentes culturas y los diferentes grupos que hay en la Amazonía.

Me parece muy importante también toda la fuerza con la que el Papa Francisco toma el anuncio de Cristo en la Amazonía. Nosotros como Iglesia hemos de quitarnos nuestro complejo, y tenemos que salir valientemente a anunciar a Cristo en la Amazonía. Como Iglesia católica tenemos que reconocer que muchas veces hemos separado la parte social de la parte espiritual. Nos ha ocurrido, a veces, que nos hemos quedado en unos espiritualismos que nos hemos olvidado de la dimensión social, ecológica de la evangelización. Pero también ha ocurrido, a veces, al revés, que hemos hecho un trabajo social y de defensa de la ecología y no nos hemos atrevido a hacer la propuesta de la fuente de donde viene todo eso, que es el mismo Cristo.

Hay una actitud importante de anunciar a Cristo en la Amazonía. Porque lo que no puede ocurrir, y tenemos que reconocer como Iglesia católica que ha ocurrido, que en muchos lugares donde hemos estado los misioneros y misioneras católicos, nuestros pueblos indígenas no han encontrado en nosotros esa fuente y esa espiritualidad que ellos también ansiaban. Han establecido una relación con la Iglesia muy bonita y muy importante en la promoción social y defensa de la tierra, pero a la hora de vivir su espiritualidad la han ido a buscar en otros grupos, porque no la encontraban en nosotros, en la Iglesia católica. Esta es una reflexión y una actitud muy importante que me parece que tenemos que pensarla las Iglesias y que Papa señala, yo creo que con mucho acierto, en la exhortación.

Si tuviese que resumir en una frase todo el proceso sinodal, la exhortación “Querida Amazonía”, ¿cuál sería?

Un balón de oxígeno, un ánimo, un espaldarazo del Papa Francisco y de la Iglesia universal a toda la labor que están haciendo misioneros, misioneras, agentes de pastoral laicos, en la Amazonía. Un insuflar un aire fresco a todo el trabajo pastoral que ya se venía haciendo de años y que esto lo anima y lo revitaliza.

 

Fuente: Religión Digital

24 Febrero 2020

 

 

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