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La Administración Colonial

Publicado en Nuestra Historia
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En el año de 1748, Antonio de Ulloa visitó Paucartambo,cuando era un Corregimiento. Hablando sobre las actividadescocaleras en la zona, anteriormente de muy buenosresultados, dijo:“...pero al presente ha desaparecido considerablemente porhaberse establecido su cultivo (de la coca) en otras distintasprovincias”.

Sin embargo, Paucartambo se hallaba aún relativamente bien poblada pese a su decadencia. Visitó también Carabaya y dejó una valiosa información sobre ella: integraba otro corregimiento y según el mismo Ulloa, se extendía hasta el territorio de los “indios gentiles” (no cristianizados), separada por el río Inambari, donde se lavaba oro para pagar los tributos reales. Anota que existía un cerro aurífero, Ananegua, a dos leguas del asiento minero de Poto, que era residencia de los oficiales de la Real Hacienda y las Cajas Reales. Cerca estaba el río minerífero de Aporoma”.

Los relatos de Ulloa son bastante precisos, con relación al estado de cosas en esas zonas, puertas de acceso hacia el interior de la cuenca del Madre de Dios. La línea de frontera con la selva había permanecido prácticamente con pocas variantes en algunos sectores, en otros acusaba retrocesos.

Los tentáculos de la Real Hacienda hispana se hallaban extendidos desde antes en Carabaya, y ahí un grupo de funcionarios y burócratas oficiosos habían montado el aparato de control, para contrarrestar posibles filtraciones clandestinas de oro y llenar en lo posible las arcas reales y sus propios bolsillos.

El testimonio de Ulloa deja también en claro que la colonización en el Virreinato alcanzaba al Inambari y que debido al oro, la administración fiscal se hallaba directamente presente en el Corregimiento.

Es también de interés su afirmación sobre la coca, cuyo cultivo se había generalizado en otros lugares, con la inevitable pérdida en el valor comercial, lo que a la vez prueba que

Paucartambo - y de consiguiente Carabaya - había sido una zona de explotación de cocales muy anteriores a otras.

Las haciendas cañeras u cocales de C’osñipata, Paucartambo y Carabaya, y los pequeños asentamientos poblacionales en las tres zonas, estarían llamadas a desempeñar el papel de puentes para nuevas penetraciones.

A partir del siglo XVIII, cuando la región empezó a ser visitada por naturalistas, la producción forestal, la recolección de cascarilla y otras actividades económicas, iban creando distintas perspectivas para la región.

De modo bastante informal se habían intentado reconocimientos geográficos, a través de unas y otras entradas. En el mapa del Padre Benito Valencia (1809), el Inambari aparece con el nombre de Magno (grande) aguas abajo desembocando en el Beni.

Como se puede ver, se desconocía donde iba el Madre de Dios, llamado Magno por el Padre Valencia, pese a que posteriormente se producirían confusiones al respecto, hasta la exploración de Faustino Maldonado.

En Cajamarca toman preso al Inca Atahualpa. Ante la amenaza turca, se firma la paz, Señala además el Padre Valencia, dónde había estado la Villa San Juan de Oro en el San Gabán, abandonada desde 1767, ante la hostilidad de los nativos. En el sector de Marcapata hubo haciendas de coca y caña.

Desde fines del siglo XVI y en el siglo XVIII, se trabajaban las haciendas Vitopampa y otras en el lugar.

Vitopampa se hallaba cerca del cerro aurífero de Camanti, que se explotó periódicamente. Posteriormente, el derrumbe del cerro Huahuallani, que represó el agua de un torrente, provocó tremendas inundaciones y puso en fuga a los pobladores.

En varias localidades de la larga y oscilante frontera, al este de la Cordillera Oriental, los pobladores criollos, mestizos e indígenas, de los asentamientos, mantenían diversos tipos de contactos con grupos nativos de las cercanías e incluso de selva adentro. Mayormente eran contactos de tipo comercial, precursor de lo que vendría después, cuando se inicia la compra de cascarilla en grandes cantidades.

 

 

 

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