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Aventura en la atrapante selva

Publicado en Artículos de Interés
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En Puerto Maldonado, en plena selva peruana, a orillas del río Madre de Dios, existe una antigua creencia: los extranjeros que beban el agua de ese afluente del Amazonas ya nunca se irán. Y quizá lo conveniente para el viajero sea no correr el riesgo y tomar, no sólo por los paisajes increíbles que brinda esa naturaleza desbordante, sino también por el carácter de las personas que la habitan.

En esta ciudad, la última importante antes de cruzar la frontera y llegar a Brasil por la llamada carretera interoceánica, todos parecen tener tiempo, especialmente si uno llega a partir de marzo, cuando se termina la temporada de lluvias y el calor se instala en forma definitiva. La omnipresencia del río logra que el clima no sea sofocante, con lo cual los habitantes de Puerto Maldonado pasan sus horas libres a bordo de pequeños botes o kayaks, pescando o simplemente trasladándose por el delta que se forma con otros afluentes. En la ciudad casi no se ven autos, con lo cual el medio de transporte ideal son las bicicletas que se pueden alquilar en distintos comercios. También circulan decenas de pequeños ciclomotores con tres ruedas, cubiertos por una lona blanca y con dos asientos traseros. Son los inconfundibles taxis que por un costo realmente bajo (10 soles) lo llevan a uno por toda la ciudad. Allí la oferta hotelera es para todos los gustos (desde hostels hasta estadías cuatro estrellas).

Los paisajes más entrañables, especialmente si se tiene poco tiempo, son los que aparecen río adentro, cuando uno se interna en la espesura de la selva. Para esto lo más recomendable es contratar agencias de turismo que por 100 o 150 soles por persona brindan servicio de traslado por el río, excursiones y refrigerio. Los lugares más recomendados, a tan sólo cuarenta minutos de ferry, son la reserva Tambopata, el parque nacional del Manu, la isla de Monos y el lago Sandoval.

La reserva Tambopata es hoy motivo de visita de turistas de todo el mundo que viajan hasta el sur peruano para contemplar la biodiversidad que vive en su 1,5 millón de hectáreas. Dos horas de caminata por la selva (siempre se recomienda llevar protector contra insectos y una buena provisión de agua) alcanzan para que uno pueda observar guacomayos, nutrias gigantes, monos pequeños, serpientes, tarántulas y, si el recorrido se hace por las noches, caimanes, que no se apartan demasiado de los ríos y arroyos que atraviesan toda la reserva. Otra estrella, que rara vez se muestra por temor hacia las personas, es el jaguar.

Este trayecto es interesante realizarlo con un guía ya que gracias a él uno puede conocer la infinidad de propiedades que tiene la flora de la selva, especialmente en el aspecto medicinal. Hay caminatas que pueden durar hasta tres horas, pero se recomienda hacerlas en grupos pequeños. También se pueden complementar con algunas actividades extremas; la más requerida es la travesía tirolesa en las copas de los árboles, a unos 50 metros de altura. Esto permite ver paisajes majestuosos de la vegetación y el río.

Los días en la selva se pueden hacer largos, con lo cual la opción de dormir en hoteles ubicados dentro de la reserva puede verse como una oferta tentadora. No es una alternativa costosa y permite aprovechar al máximo los tiempos. De paso uno puede probar una exquisita cena con pescado y frutas.

La isla de los Monos es otra visita para considerar. Se encuentra ubicada en el medio del cauce del Madre de Dios. Se puede llegar a ella con lancha o ferry, aunque los más entrenados para el remo (dado que la corriente a veces es fuerte) lo hacen en kayak. La isla tiene playas de arena que invitan a pasar una tarde o una mañana bañándose en el río y a olvidar a los monos, que no se acercan al agua y para verlos es necesaria una caminata de veinte minutos hacia el interior del bosque. Una vez allí se los puede observar en estado completamente natural enroscados en los árboles. Sorprende que no escapan al contacto humano, sino que por el contrario suelen ser amistosos.

Si bien Puerto Maldonado cuenta con un aeropuerto internacional, tomar la ruta interoceánica posiblemente sea el mejor camino hacia el Brasil profundo. En el trayecto se puede disfrutar de la selva, ya no tan exuberante, pero igual de colorida. Luego de siete horas de micro o combi, ya se puede divisar Porto Velho, primer gran centro urbano de la Amazonia brasileña en el estado de Rondonia y a orillas del río Madeira.

A diferencia de Puerto Maldonado, esta ciudad tiene un pasado que se caracterizó por una gran pujanza económica, producto de la explotación del caucho, con lo cual la arquitectura y la estética tienen un perfil más urbano y similar al de las grandes ciudades de la costa. Los precios son sensiblemente más altos que en la Amazonia peruana (acá ya se habla en reales). Esto se nota en los hoteles, restoranes y servicios donde los conceptos más lujosos ya se vuelven evidentes.

Arte indígena

Las distancias hacia los destinos que vale la pena conocer también son más cortas. Uno de ellos es la reserva indígena de Karaxaraxi, donde el viajero puede entrar en contacto con tribus que han logrado permanecer con sus costumbres y su cultura en pleno siglo XXI. Aquí llama especialmente la atención el desarrollo del arte indígena, que se manifiesta en retratos, esculturas y variadas colecciones de piezas de alfarería. La reserva se encuentra a quince minutos del centro urbano y la entrada no supera los 50 reales.

Otra parada para no perderse son las playas de Arena Blanca y de Periquitos, ubicadas en la costa. Éstas son atractivas en cualquier momento del día, pero especialmente al atardecer, cuando se pude disfrutar de partidos de vóley playero al tiempo que diferentes bandas de música ejecutan los mejores ritmos brasileños.

Si uno se adentra en el Madeira, vía lancha, también puede encontrar lugares más alejados, bosques inhóspitos, donde uno cree que en cualquier momento se va a cruzar con Robinson Crusoe.

La estación ferroviaria Madeira-Mamore también aparece entre los atractivos de Porto Velho. Era la principal vía férrea hacia las explotaciones de caucho y hoy día es un museo que permite conocer más sobre el significado de esta actividad en la cultura de la Amazonia. Allí fue donde se filmó una de las telenovelas más exitosas de la historia de la televisión brasileña, «Mad Maria», que era producida por el canal Globo.

Porto Velho tiene una gran población universitaria, por lo cual posee una oferta más que variada de vida nocturna con bares y discos que combinan música local con internacional y que funcionan casi a diario en esta ciudad que, a simple vista, nunca para.

 

 

Por: Milton Merlo

 

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