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La castaña, el verdadero oro de Madre de Dios

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La región Madre de Dios concentra la mayor cantidad de castañales en el país. De acuerdo con los estudios del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, en 1998 había 2 millones y medio de hectáreas. En el año 2000, el gobierno peruano entregó los castañales en concesiones por un tiempo de 40 años renovables. Es así que hasta el cierre del año 2012 había 1,121 concesionarios, cada uno con 400 hectáreas en promedio. Hasta la fecha se han concesionado 1´150,000 hectáreas para su aprovechamiento sostenible.

Pero ser titular de una concesión –aparte del derecho de recolectar castañas- también representa un gran desafío que implica defender los bosques de los madereros y mineros ilegales y del paso de narcotraficantes. Lo que muy pocos saben es que hay una equivalencia entre el número de hectáreas y árboles de castaña. Es decir, 400 hectáreas concesionadas significan aproximadamente el mismo número de castaños.
 

Cosechando lo que cae

En un recorrido por el sector Alerta, muy cerca de la frontera con Bolivia, se llega a los predios de Francisca Cahuana, una concesionaria autorizada desde hace siete años. Ella tiene la paciencia de esperar 12 meses para recolectar el fruto que cae del árbol, justo en época de lluvia que va de noviembre a abril. “Un árbol adulto rinde unos 80 kilos de castaña con cáscara, eso equivale a 25 kilos de castañas peladas”, comenta.
 
En total, se estima que en Madre de Dios se cosechan entre 3 y 4 millones de kilos de castaña sin cáscara al año. Se trata de la Bertholletia excelsa H.B.K., conocida también como la “nuez de Brasil” o “castaña”, un árbol que puede elevarse hasta los 30 metros, que demora 40 años para dar sus frutos: duros, circulares y muy parecido a los cocos. Maduran un año antes de caer al suelo.
 
Es entonces que las personas dedicadas a esta actividad -como es el caso de Cirilo Sánchez, un castañero con 675 hectáreas en el sector Alto Muyumanu de Alerta- empiezan a recolectar los cocos, luego los abren a punto de machetazos para extraer entre 15 y 25 semillas de su interior. Pero el trabajo de recolección conlleva algunos peligros: desde mordidas de serpientes hasta los golpes por la repentina caída de los cocos.
 
Para Biviana Calle Palla, secretaria de la Asociación de Recolectores Orgánicos de la Nuez Amazónica del Perú (RONAP), la castaña con cáscara tiene buena demanda en los días de Navidad, mientras que la castaña pelada se consume todo el año en helados, dulces y postres. Las castañas rotas sirven para aceite, harina, aderezos, salsas, sopas, leche y champú. De ahí que los 32 socios de la RONAP están dedicados a ofrecer productos de calidad.
 

Precios por los suelos

El descubrimiento, en la segunda mitad del siglo XIX, de grandes bosques de árboles de caucho y jebe, en los territorios del Madre de Dios, especialmente en los ríos Manu, Tahuamanu, Las Piedras y Los Amigos, puso a esta zona en la mira de los caucheros. Los viajes de exploración se sucedieron, siendo Carlos Fermín Fitzcarrald, el emprendedor más despiadado, esclavizando y asesinando indígenas sin piedad. Para 1914 el boom del caucho se desinfló.
 
A partir de 1920 la recolección de castaña empezó a tomar fuerza. Hoy la castaña es el único fruto seco que se comercializa a nivel internacional, a tal punto que el mismo Gobierno Regional de Madre de Dios lo ha reconocido como producto bandera.
 
Pero lo que no se entiende es que sus precios han bajado sospechosamente. El 2011 el kilo de castaña costaba 20 soles. El 2012 bajó a 12 soles, y este año cayó a 10 soles el kilo. Los intermediarios le dicen a los recolectores que se debe a la crisis económica internacional. Sin embargo, se sabe que un kilo de castaña en Canadá y otros países del norte cuesta 40 dólares. Los especialistas advierten que se trata de demasiados intermediarios y falta de mercados justos.
 
Hace un año el Perú firmó un TLC con la Unión Europea, y la castaña iba a ser uno de los productos que se iban a beneficiar con este acuerdo. A decir de Gilber Martínez, especialista en mercados de Rainforest Alliance, “lo que necesitamos es mejorar la infraestructura post cosecha, con centros de acopios adecuados, capacitación en el campo, concientización para que las castañas no sean peladas en las casas, y aprender los asuntos de economía y escalas para tener buena rentabilidad”.
 

Plantas procesadoras

En Madre de Dios, el mercado de castañas lo lidera un grupo de inversionistas peruanos como La Nuez, El Bosque, Agrícolas y Forestales, Candela Perú, y últimamente la boliviana Manutata SAC, y más abajo se encuentran otras 5 empresas peruanas de mediana industrialización y 5 empresas artesanales.
 
De ahí que Rainforest Alliance, se ha involucrado seriamente en el tema de la castaña al apoyar con asesoría técnica y comercial a la Asociación Forestal Indígena de Madre de Dios (AFIMAD), quienes trabajan con 8 comunidades nativas pertenecientes a 5 etnias diferentes, cuyos habitantes apuestan por el desarrollo sostenible, y tiene claro de la amenaza que representan los mineros ilegales, los madereros y los invasores de tierras. Ellos están dedicados al manejo y procesamiento de castañas y palmeras (aguaje y ungurahui), además de la implementación de un centro piloto para la extracción de aceite, y un plan de negocios para ofrecer los derivados como aceite de castaña, castaña chocolatada y castaña natural empacada. Martín Huaypuna, presidente de la AFIMAD de Tres Islas, dice que pronto estarán listos para recibir la producción de seis comunidades asociadas y procesar alrededor de 100 toneladas de castañas al año.

Frutos de la naturaleza

Como hemos visto, la demanda de castaña es cada vez creciente en los mercados nacionales y extranjeros, pero pocos son los esfuerzos por ampliar este cultivo mediante la reforestación. Lo que hoy se encuentra en el mercado provienen exclsuivamente de los bosques naturales. 
 
Pero lo que poco se habla es que gran parte de los bosques de castañales se debe a un roedor conocido localmente como añuje (Dasyprocta punctata) y también a la ardilla roja sureña (Sciurus spadihceus), que tienen la costumbre de enterrar sus alimentos (especialmente semillas y almendras), y que ocasionalmente olvidan desenterrarlas, de manera que estos seres se convierten en los principales reforestadores de castañas.
 
Y como dato adicional, el ingeniero forestal Gilber Martínez, a través de su trabajo de campo, ha logrado comprobar que no habrá frutos de castaña si no existe una abeja grande de nombre científico Bombus spp., que –llegado el mes de agosto- se encarga de transportar polen de un árbol a otro, pues los otros insectos son muy débiles para levantar el “yelmo” o caparazón que cubre los órganos reproductivos de la flor de la castaña. Queda claro, entonces, que cada árbol y cada animalito cumple una inequívoca función en este ecosistema. Es de hombres reconocer que, en gran medida, a ellos nos debemos cuando hablamos de las castañas.

Texto y fotos: Iván Reyna Ramos - Rumbos

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