Indígenas peruanos se debilitan ante depredadora industria extractiva

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Cuando en enero último el Papa Francisco se reunió con representantes de la población indígena peruana, escuchó lamentaciones amargas sobre los graves efectos de la industria extractiva en la Amazonía y otras áreas.

El Sumo Pontífice comentó que los “pueblos de la Amazonía nunca han estado tan amenazados”.

 

Mucha razón tenía el Obispo de Roma porque las poblaciones originarias del Perú profundo sufren los rigores de la incursión de transnacionales que en muchos casos incumplen las normas estrictas para evitar daños marcados al el entorno.

 

El proyecto Camisea en la Amazonía peruana, por ejemplo, es blanco de críticas por lo que se considera como extracción de gas sin las regulaciones apropiadas para un área esencial, el corazón del departamento de Cusco.

 

Ambientalistas en Reino Unido pusieron en tela de juicio el impacto de extraer, licuar y transportar desde Perú gas de la Amazonía en lugar de obtenerlo en yacimientos del país europeo.

Desde el ángulo de los peruanos también hay motivo para la condena por

la arrasadora presencia de maquinarias y procedimientos extractivos muy cerca de la célebre Machu Picchu y zonas de gran diversidad biológica.

Un panel investigador reconoció que el proyecto Camisea tiene impactos macroeconómicos muy rentables, sin precedentes en Perú, aunque los asentamientos indígenas sufrieron en términos de salud, nutrición y educación.

Descubierto el yacimiento por la compañía Shell en mil 986 y con inicio de la extracción del energético en 2004, el magaproyecto es operado por un consorcio integrado además por la estadounidense Hunt Oil y la española Repsol, entre otras.

Al emplear la técnica de la fracturación hidráulica o fracking, aumentan las posibilidades de contaminar el agua tanto por el uso de aditivos químicos como por fugas de gas metano.

La reiterada detonación de cargas explosivas y la perforación de pozos exploratorios acrecientan asimismo las amenazas al entorno.

Los pobladores consideran que las ganancias reportadas por las operaciones gasíferas benefician a las entidades foráneas y al gobierno peruano, sin que nadie destine recursos a la región selvática de donde sale el energético.

Con frecuentes derrames de hidrocarburos hacia ríos y tierras vírgenes, el emprendimiento Camisea es uno entre varios que generan inquietud de los ambientalistas dentro y fuera de Perú, país con una industria extractiva en auge.

Por eso NO asombra que con su alta capacidad para atender a los desposeídos, el papa Francisco se preocupara cuando 3 mil 500 indígenas en Puerto Maldonado denunciaron los peligros para sus pueblos por la irresponsabilidad y codicia del Hombre. FIN

 

 

RADIO HABANA CUBA

Roberto Morejón

Editado por Maite González Martínez
 
 

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