Elementos filtrados por fecha: Domingo, 10 Marzo 2019

    En el 2010 Juana Payaba Cachique era presidenta de la Comunidad Nativa de Tres Islas (comunidad de Shipibo y Ese’ejas de la provincia de Tambopata, región Madre de Dios). En ese entonces las empresas “Los Pioneros” y “Los Mineros” ingresaban libremente a los territorios de la comunidad con cargamentos destinados a la tala y minería ilegal.

    Con esas actividades, explica la exdirigente, “no sólo destruían el territorio comunal, sino que aumentó los bares, cantinas y casos de prostitución infantil. Nosotros lo que pedíamos era vivir en un ambiente sano, sin contaminación de ríos, y lo más importante, es que nuestros hijos vivan bien”.

    Entonces la valiente dirigente junto con su directiva, respetando los acuerdos de la asamblea comunal –103 familias- empezó a destruir el camino que era utilizado por los mineros y taladores ilegales que ingresaban a los sectores de Palmichal y Playa Grande, a orillas del río Madre de Dios.

    En represalia, las empresas de transportes “Los Mineros SAC” y “Los Pioneros SCRL” denunciaron penalmente a Juana Payaba Cachique, Sergio Perea Ponce, Marlene Racua Chávez y Esperanza Gonzales Perdiz, todos directivos de la comunidad, e interpusieron una acción de habeas corpus por vulnerar el derecho al libre tránsito. Y por si fuera poco, también –y con el resguardo de 100 policías- los ilegales derribaron la caseta y tranquera que los comuneros habían colocado. Entonces, el caso fue llevado a los tribunales.

    En la vía judicial, los transportistas ganaron el proceso a la comunidad y denunciaron penalmente a Juan Payaba y a los directivos quienes incluso tuvieron, en dos oportunidades, órdenes de captura que lograron superar luego de penosas jornadas.

    Como siempre, la justicia local salió a favor de los más poderosos económicamente. Y es entonces que los comuneros trasladaron el caso a instancias superiores, como el mismo Tribunal Constitucional y al Instituto Internacional de Derecho y Sociedad (IIDS). Además, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acogió el pedido y convocó por primera vez en su historia, a una audiencia sobre “Jurisdicción indígena y derechos humanos”, la cual tuvo lugar en la ciudad de Washington.

    Hace unos días, el 29 de mayo para ser más exactos, el Tribunal Constitucional peruano declaró fundada la demanda de hábeas corpus interpuesta por la Comunidad Nativa Tres Islas contra la sentencia de hábeas corpus emitida por la Sala de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Madre de Dios. Y declara cerrado el caso. Así, el Tribunal Constitucional deja en claro que se estaba vulnerando la propiedad territorial de la comunidad.

    “Yo luché por las nuevas generaciones, por mi comunidad”, dice Juana Payaba, al tiempo de asegurar que “este hecho servirá como antecedente para que nunca más se cometan estos atropellos a las comunidades nativas”. Se trata, sin duda, de una mujer y de una comunidad que ha sabido hacerse respetar. Por su indesmayable lucha, a doña Juana Payaba deberían incluirla en la Asociación Mujeres Batalla.

    Por lo pronto, este 16 y 17 de junio, la congresista Marisol Pérez Tello arribará a la Comunidad Nativa Tres Islas para informar de los detalles de esta batalla ganada. “Se trata de la primera vez que un congresista visita nuestra comunidad”, asegura la luchadora social.

     
    Iván Reyna Ramos

     

     

     

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    El 5 de junio se cumplen cuatro décadas de la creación del afamado Parque Nacional del Manu. Uno de los refugios naturales más atractivos y admirables de la región que sigue concitando la intensa atracción de la comunidad científica mundial.

    He querido compartir esta nota después de una investigación durante la que he tomado contacto con los verdaderos autores que impulsaron la fundación del Parque Nacional del Manú- con el propósito de dar a conocer los entretelones y personajes involucrados en la gestación esta singular área protegida. Este es un homenaje al puñado de conservacionistas que participación en esta hazaña.

    En 1963, cuando el conservacionista peruano Felipe Benavides Barreda (1917 – 1991) estaba de visita en el Museo de Historia Natural de Smithsonian (Washington) admiró el conjunto de dioramas representativo de las aves de nuestra selva. Su amigo, el secretario del Smithsonian, Dillon Ripley le informó que el responsable era el taxidermista y ornitólogo cusqueño Celestino Kalinowski Villamonte.

    Celestino estudió en los laboratorios del departamento de Zoología del Museo de Historia Natural de Chicago. Descubrió en la región de Marcapata (1950) un carapacho desconocido hasta aquella fecha que, actualmente, se denomina en su honor “Drymaeus Coelestini”. Siempre fue reconocido por la calidad de sus trabajos.

    Kalinowski –quien vivía 28 años en la zona del Manú- se reunió en 1965 con el presidente del Patronato de Parques Nacionales y Zonales (Parnaz), Benavides, a quien señaló la importancia de prohibir la entrada al Manú. Tenía información que madereros, buscadores de oro y cazadores, principiaban a ingresar y, además, aseguró que era un lugar único en nuestra amazonia y que, por lo difícil de su acceso, mantenía intactos sus ecosistemas.

    Tiempo más tarde, en comunicación del 6 de enero de 1967, Kalinowski señaló a Felipe: “Siempre, en el manifestado deseo de brindar mi máxima colaboración me permito sugerir que a la brevedad posible se disponga la medida proteccionista de declarar ZONA RESERVADA, toda la Hoyada del Manú, que con absoluta seguridad constituye la única zona en la que todavía exista la fauna y flora casi intacta o virgen, con tal medida, se iniciaría la formación de los Parques Nacionales que lamentablemente no han sido ni creados, ni realmente valorizados. La urgencia manifestada, viene motivada por la presencia en la región referida, de grupos de estudio para la explotación de madera. Los posibles linderos de la Zona Reservada, serían los que comprendan desde la quebrada de Juárez, con todos los afluentes que forman el río Manú desde sus nacientes; y, por la Cordillera, hasta llegar a TRES CRUCES”.

    Este taxidermista -para constatar lo señalado en su epístola- invitó al prestigioso biólogo británico Ian Grimwood a visitar el Manú y presentar un informe al presidente del Parnaz y al director del Servicio Forestal y de Caza del ministerio de Agricultura, Flavio Bazán Peralta. En su estudio Grimwood escribe emocionado: “...la cuenca del Manú, es una de las pocas localidades en el Perú que da oportunidad de observar la vida silvestre en su estado natural en toda su magnitud”. En su escrito enfatiza la ventaja del Manú, sobre otras regiones de la selva y la sierra, por conservar todavía poblaciones numerosas del lagarto negro, lobo de río, charapa o tortuga de río, taruca, oso de anteojos, entre los recursos andinos y sub-tropicales.

    En mérito a esta investigación se expidió, el 7 de marzo de 1968, el decreto reservando un área de 1`400.000 hectáreas en la cuenca del río Manú, comprendiendo los departamentos del Cusco y Madre de Dios, para el futuro parque nacional. Seguidamente, se nombró una comisión integrada por representantes del Servicio Forestal y de Caza, la Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (ONERN) y la dirección de Colonización, a fin de presentar un proyecto sobre sus futuros límites definitivos.

    A partir de las tratativas iniciadas por el presidente del Parnaz ante el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), se recibió la primera donación proveniente de una colecta entre la niñez realizada en Gran Bretaña ascendente a 100 mil soles. El Parnaz contribuyó ese año con igual ayuda económica. En julio de 1967, la filial americana del WWF envió una colaboración de 4,620 dólares y el vice-presidente del WWF Internacional, Lukas Hoffmann, llegó al Perú con el propósito de ofrecer su cooperación.

    El 5 de junio de 1973 se concreta el Parque Nacional del Manú -mediante D.S. Nro. 644-73-AG- comprendiendo una extensión de 1`532.806 hectáreas entre los 200 hasta los 4,800 m.s.n.m. De esta manera, se creaba el parque nacional de bosque húmedo más grande del mundo y el noveno en extensión.

    Parte de su enorme potencial ecológico lo constituyen aves, reptiles, mamíferos y batracios. Sólo en una extensión de 200 hectáreas fueron identificadas 468 variedades de aves; además, de encontrar nueve especies de primates, así como pumas, caimanes, gallito de las rocas, venado de cola blanca y capibara. En su interior habitan numerosos nativos de las comunidades machiguenga, yaminahuas y amahuacas.

    Para impulsar el desarrollo de esta área natural la Sociedad Zoológica de Frankfurt -a través de la Asociación Pro-Defensa de la Naturaleza (Prodena), cuyo director ejecutivo era Augusto Urrutia Prugue- entregó 25 mil dólares por concepto de equipos. Por su parte, la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) y el WWF participaron con ayuda técnica y económica para la preparación de su Plan Maestro.

    Gracias a la Asociación Prodena se orientó la administración, organización y capacitación de guardaparques, gestionándose partidas presupuestales para lograr un adecuado manejo del área. Esta entidad entregó una red de comunicaciones para la implementación de las estaciones de Akanaco, Pakitsa, Bocamanú y una estación móvil, en Madre de Dios, ascendiendo la donación a casi un millón de soles.

    Nuevamente, el interés por conocer este parque se manifiesta cuando un grupo de destacados científicos vinieron a nuestro país en 1975. La delegación la integraban Thomas E. Lovejoy, director científico del WWF de los Estados Unidos, Ann La Bastille, ganadora de la medalla de oro del WWF -por haber salvado a la famosa ave guatemanteca Quetzal- y George Woodwel. Fue imposibilitado el viaje del famoso astronauta Nils Armstrong, quien también estaba invitado. El recorrido -organizado por Felipe Benavides- llevó a los expertos hasta los límites del parque con el afán de tener contacto con las colectividades indígenas.

    La Bastille escribió para la famosa revista Audebaun el primer artículo publicado en los Estados Unidos sobre el Manú. Allí recoge las palabras de Benavides: “Será en el futuro este lugar maltratado por las invasiones de científicos, turistas y negociantes de la conservación y nunca más podrán volver a apreciar lo que hoy día admiramos”.

    La inspiración de Celestino Kalinowski continúa mereciendo la expectativa internacional. Diversas revistas europeas han dedicado ediciones enteras a este recóndito paraíso silvestre. El conocido cineasta y biólogo británico Tony Morrison, produjo la película “A park in Perú” (“Los parques en el Perú”), seleccionada entre las cuatro mejores para exhibirse en la Segunda Conferencia Mundial de la Naturaleza.

    Esta producción –dos veces transmitida por la televisión británica y promovida por la BBC de Londres- muestra la variada cantidad de especies del Manú. Así también, incluye vistas del emblemático gallito de las rocas.

    En nuestro medio la historia suele con frecuencia ser olvidada o distorsionada. “El pueblo tiene una picota para quien le miente, pero también, para quien no le dice la verdad a tiempo”, afirmó el político y pensador cubano José Martí. Los peruanos debemos conocer, apreciar y valorar a los auténticos promotores de tan maravilloso escenario natural que contribuye –por su esplendor y biodiversidad- a afianzar nuestro orgullo e identidad nacional.

     
    Wilfredo Pérez Ruiz

     

     

     

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    Lunes, 11 Marzo 2019 18:10

    Bahuaja Sonene: Paraíso natural

    La región Puno cuenta con cinco áreas protegidas, entre ellas la que más destaca es el Parque Nacional Bahuaja Sonene, considerado por la National Geographic como una de las zonas de mayor diversidad biológica del mundo. Dentro de poco, en este paraíso natural se realizará un nuevo registro de especies de flora y fauna, a cargo de una delegación de científicos de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre.

    La preservación de la biodiversidad es una de las maneras más eficaces de salvaguardar plantas, animales y los ecosistemas. El Parque Nacional Bahuaja Sonene es considerado como una de las zonas con mayor diversidad biológica del planeta y se encuentra en Puno.

    Esta reserva natural, está ubicada en la provincia de Tambopata en el departamento de Madre de Dios y en las provincias de Sandia y Carabaya del departamento de Puno, su extensión es de 1 millón 91 mil 416 hectáreas.

    Se trata de una zona aún inexplorada de colores y formas, con un ecosistema representativo que conserva celosamente 365 especies de flora y fauna, al que sus exploradores llaman ‘el paraíso natural de la humanidad’.

    Próximamente, un grupo de científicos de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WSC), realizará por un periodo de 40 días, un nuevo registro de especies de flora y fauna, en zonas aún inexploradas del Parque Nacional Bahuaja Sonene.

    “La diversidad es tan grande, que necesita priorizar investigaciones basadas en ciencia; la expedición iniciará en tres días, irán especialistas en fauna silvestre, en anfibios, insectos, aves y botánicos”, señala Mariana Varese, directora de Perú y Amazonía.

    El proceso de levantamiento de diversidad biológica en la selva puneña, a cargo de WSC, se hará posible tras una firma de convenio de la citada organización y el Gobierno Regional de Puno, a fin de promover proyectos de conservación de la biodiversidad.

    Se ha advertido que, en el Parque Nacional Bahuaja Sonene, existen especies de fauna silvestre que estarían en peligro de extinción: el oso andino, el jaguar, el guacamayo, el cocodrilo y el lobo del río, entre otras.

    “Hay 10 especies en vía de extinción por su estado crítico y vulnerable”, advirtió Willy Maldonado Chambi, responsable del Proyecto de Educación Ambiental del Gobierno Regional, y considera muy importante intervenir en la zona, con una potencialidad enorme de plantas medicinales.

    Destacó que la conservación del paisaje y los ecosistemas de las provincias de Sandia y Carabaya, es una oportunidad para promocionar la actividad turística, que las vecinas regiones de Cusco y Madre de Dios, ya lo vienen haciendo con mucho éxito.

    Si bien es cierto, que el Parque Nacional de Bahuaja Sonene, se constituye como uno de los principales íconos de las áreas protegidas de la región Puno, también existen otras 4 reservas naturales entre las que se consideran privadas y protegidas por el Estado.

    Entre ellas, se destaca la Reserva Nacional del Titicaca, Taypepiña y Checa (El Collao) y la zona reservada Kapia (Yunguyo), además existen otros recursos naturales que aún no están protegidas como el caso del bosque de queñueales de Lampa y las puyas de Raymondi.

    “Algunas veces creemos que el establecer áreas de conservación, es quitarle terreno a los dueños cosa que no es cierto, al contrario debe considerarse como una oportunidad”, refiere Willy Maldonado Chambi.

    Uno de los casos patéticos, en la región Puno, fue la creación de la Reserva Aymara Lupaca, en un área de 258 mil 452,37 hectáreas, ubicado dentro del territorio de la provincia de El Collao, ante los cuestionamientos de las comunidades aymaras, el gobierno tuvo que anular en septiembre del 2009.

    En esa oportunidad, se cuestionó la poca información sobre la creación de dicha reserva natural, y los pobladores aymaras creyeron que el Estado buscaba expropiar sus tierras, peor aún, no fueron consultados conforme establece el convenio N° 169 de la OIT.

    En el marco de la protección de nuevas áreas de recursos naturales, el miércoles se desarrolló el Conversatorio ‘Gestión Integral de Áreas Protegidas de Conservación en la Región Puno’, para el que fueron convocados autoridades locales, ecologistas y representantes de las entidades públicas y privadas.

     

    Los Andes

     

     

     

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    Lunes, 11 Marzo 2019 18:07

    Aislados en Madre de Dios

    Mi padre murió flechado por los 'calatos'. No les guardo rencor, son nuestros hermanos y sé que solo defienden sus territorios”, afirma Zacarías Flores, agente del puesto de vigilancia ubicado cerca a la comunidad nativa de Diamante, a orillas del río Alto Madre de Dios en la provincia del Manu. Hace tres años se produjo el ataque en el sector de Yanayacu en contra de Nicolás Flores, el padre de Zacarías, más conocido como “Shaco”. La flecha provino de los nativos no contactados -así se define al aborigen que no ha tenido vínculo con la civilización moderna-. No saben nada de mercados, tiendas, medios de comunicación y todo lo que implique la vida urbana o semirural.

    La noticia corrió como reguero de pólvora. Una comitiva de autoridades del Gobierno Regional, de Salud, de la Policía Nacional y de la Federación Nativa del río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), se trasladó en helicóptero a la alejada comunidad. Brindaron ayuda a los deudos y luego emitieron normas para declarar restringido el tránsito fluvial por esta parte del río Alto Madre de Dios.

    A meses del incidente, en febrero del 2012, la Fenamad instaló un puesto de vigilancia en este sector y precisamente Zacarías fue contratado como agente para proteger a los indígenas del pueblo mashco piro o “calatos”. Éstos esporádicamente salen a las orillas a pedir ollas, machetes, plátanos, a los pasajeros de las canoas en este tramo del río Madre de Dios. Muchos son turistas y madereros.

    Zacarías habla el yine, similar a la lengua de los “calatos”, confiesa haber tenido varios encuentros con los indígenas en la orilla opuesta. Se acerca en el bote, pero no desciende a sus territorios. En forma pacífica les pide que dejen sus flechas en el suelo. Al establecerse una relación de confianza mutua, los indígenas le piden “¡sawnawu! ¡sawnawu!”, que significa plátano.

    Pero Zacarías sabe que no puede darles. Está prohibido por normas que protegen a los indígenas en aislamiento voluntario. A diferencia de la primera mitad del siglo XX, donde los misioneros evangelizaron a la fuerza a poblaciones indígenas como los Harakmbut, hoy no puede haber un contacto forzado y menos un acercamiento, porque son vulnerables a enfermedades occidentales.



    LA HISTORIA DEL CAUCHO
    Según la National Geographic, los pobladores originarios de Madre de Dios llegaron a estas selvas hace 12 mil años. Son siete pueblos indígenas: los Ese Eja, Harakmbut, Matsigenka, Yine, Amahuaca, Shipibo y Kichwa Runa, que habitan en 33 comunidades nativas de esta región.

    Además están los Mascho Piro y los Yora, los definidos como no contactados. Aunque no se sabe cuántos son ni cómo se organizan, varones, mujeres y niños se movilizan en grupos y recorren grandes distancias. Se los ha visto no solo en el río Alto Madre de Dios, también en Las Piedras y en el Tahuamanu.

    En las últimas décadas, antropólogos, indígenas, misioneros y otros estudiosos intentaron reconstruir la historia de estos pueblos.

    El antropólogo alemán y consultor Klaus Rummenhoeller narra los maltratos que recibieron estos indígenas. Fueron esclavizados a fines del siglo XIX y comienzos del XX para la explotación del caucho. Los sobrevivientes escaparon y se adentraron en las profundidades de la selva. Esta traumática vivencia los llevó a alejarse de la sociedad occidental para asegurar su supervivencia.

    Hoy sus descendientes habitan en las zonas de frontera con Brasil o en las nacientes de los ríos de los departamentos de Loreto, Ucayali y Madre de Dios. Viven de lo que la naturaleza les ofrece: son cazadores y recolectores. En época de verano bajan a las “playas” para recolectar huevos de taricayas y de otros animales. Los que los han visto afirman que son robustos, altos y no tienen señales de estar desnutridos.

    Al igual que en la época del caucho, hoy son varias las amenazas que deben enfrentar contra su ecosistema y su propia existencia: la presencia de madereros ilegales, de misioneros que buscan evangelizarlos, proyectos viales e hidrocarburíferos promovidos por el propio Estado que atentan contra el derecho a su autodeterminación y hasta de los turistas que intentan satisfacer su morbosidad entrando en contacto con ellos.

     

    La legislación que los protege

    • El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo ratificado por Perú establece obligaciones concretas para garantizar sus derechos con relación a las culturas y sus formas de vida, la adopción de medidas especiales necesarias para salvaguardar a las personas y a las instituciones indígenas.
    • Los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario de Madre de Dios no tendrán DNI, pero son parte de nuestra realidad y nuestra cultura, y hay que protegerlos de las amenazas que se ciernen sobre ellos. Por las características de la norma, el Estado tiene la obligación de aplicar una consulta previa si pretende llevar adelante proyectos económicos que pudiesen alentar la desaparición de estas etnias.  La consulta previa empezó aplicarse en asentamientos aborígenes en la región Puno.

     

    Sandra Bellido Urquizo.

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    El sur de Perú ofrece experiencias de turismo rural comunitario con opciones de aventuras extremas, en una unidad de conservación de 275 mil hectáreas. Diversidad de especies de flora y fauna en una reserva nacional.

    En los últimos años muchos viajeros consuetudinarios buscan distintas experiencias y privilegian en sus derroteros un mayor contacto con la naturaleza. Descartan destinos masivos en una clara apuesta a sociedades rurales de distintas regiones.

    Perú, país rico y diverso en culturas y biodiversidad, reúne las condiciones apropiadas para desarrollar de manera sostenible, las tendencias de ecoturismo y de turismo rural comunitario.

    La modalidad se ofrece en distintas partes del territorio peruano aunque una de las regiones de mayor crecimiento es el Departamento de Madre de Dios, más precisamente la Reserva Nacional Tambopata.

    Según el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado de Perú (Sernanp) durante 2012 la Reserva Nacional de Tambopata alcanzó un récord con más de 33.000 visitantes, lo que significó un incremento de la actividad en un 16 por ciento con respecto a los registros de 2011 y se posiciona así como uno de los principales destinos turísticos de naturaleza de la Amazonia peruana.

    Justamente debido al desarrollo de la región y la demanda en el sector aerocomercial local, en enero pasado la aerolínea LAN Perú inauguró vuelos diarios desde Lima al Aeropuerto de Puerto Maldonado.

    Las expediciones comienzan generalmente en Puerto Maldonado, punto de tránsito para iniciar la exploración de la selva y el ingreso por río hacia la Reserva Nacional de Tambopata.

    Esta unidad de conservación de 275 mil hectáreas fue creada por el gobierno peruano en 1990 para proteger las cuencas de los ríos Tambopata y Candamo. La zona de bosque prístino contiene 1.300 especies de aves, 32 especies de loros (el 10 por ciento del total del mundo), 200 especies de mamíferos, 1.200 especies de mariposas y más de 10 mil especies de plantas vasculares. Justamente por esa diversidad es posible hacer allí tours de pesca, birdwatching y hasta cursos para estudiantes dictado por equipos de profesionales.

    Madre de Dios. Madre de Dios es el hogar ancestral de varios grupos indígenas como los Ese'eja, Machiguenga, Yine y Haramkbut, así como de alrededor de mil aborígenes en aislamiento voluntario, que se internan en las selvas siguiendo el ritmo del bosque para sus actividades de caza y recolección.

    Casi todas las comunidades nativas de la región, conservan su riqueza cultural y amplios conocimientos del bosque. Tambopata ofrece la posibilidad de tomar contacto con ellos, visitar sus villas, alquilar las canoas artesanales y hasta practicar tiro al blanco con arco y flecha. Más interesante es aún, que algunas comunidades poseen hospedajes dentro de la selva y es posible realizar diversas actividades con los mismos habitantes que ofician de guías.

    Se pueden hacer junto a ellos caminatas por senderos temáticos, navegación, observación de flora y fauna y hasta charlas especializadas.

    Pero la Reserva de Tambopata también atrae a los turistas amantes de la adrenalina y la aventura a través de su sistema de canopy walk way, constituido por puentes colgantes encima de la copas de los árboles, a 43 metros de altura. El circuito tiene siete puentes, ocho plataformas en la parte alta de los árboles, una torre de observación de 35 metros de altura y espacios donde se puede hacer tirolesa.

    La reserva tropical es toda una joya de la biodiversidad ya que además de contar con una impresionante variedad de fauna, reúne dos grandes collpas (grandes reservorios de arcilla), del Colorado y del Chuncho, donde se reúnen cerca de 500 guacamayos, loros y pericos todas las mañanas para ingerir el material en el barranco del río. Se trata de uno de los espectáculos naturales más grandes tanto de la reserva como del país entero.

    El lago Sandoval, que para muchos es el más bello de los lagos amazónicos, el río Heath-Pampas, que recorre la única zona de la selva peruana con características de sabana, el río Alto Tambopata donde es opcional hacer canotaje con rápidos de clase 4 y 5, son otros de los atractivos de este gran rincón de la naturaleza.

    Lo cierto es que destinos como este permiten que las comunidades indígenas empiecen a tomar iniciativas para incorporarse a los circuitos turísticos del Perú. Del mismo modo, es la oportunidad para los turistas provenientes de países muy distantes de encontrar con una cara desconocida de Perú.

     

    La Voz

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    Lunes, 11 Marzo 2019 18:02

    El color de la diversidad

    En los últimos años, han aparecido nuevos tipos de viajeros que buscan experiencias distintas, menos masivas y con un mayor contacto con la naturaleza y las sociedades rurales de distintas regiones. Perú, rico y diverso en culturas y biodiversidad, reúne las condiciones apropiadas para desarrollar, de manera sostenible, tanto las tendencias de EcoTurismo como de Turismo Rural Comunitario. La modalidad se ofrece en distintas partes geográficas del país. Sin embargo, una de las regiones de mayor crecimiento es la del Departamento de Madre de Dios, más precisamente la Reserva Nacional Tambopata.

    Según el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado de Perú (Sernanp) durante 2012 la reserva nacional de Tambopata alcanzó un récord de más de 33.000 visitantes, lo que significó un incremento de la actividad en un 16% con relación a lo registrado en 2011. Se posiciona así como uno de los principales destinos turísticos de naturaleza de la Amazonia peruana. Justamente debido al desarrollo de la región y la demanda en el sector aerocomercial local, en enero la aerolínea LAN Perú inauguró vuelos diarios desde Lima al Aeropuerto de Puerto Maldonado.



    De expedición

    Las expediciones comienzan generalmente en Puerto Maldonado, el punto de tránsito para iniciar la exploración de la selva y el recorrido por río hacia la Reserva Nacional de Tambopata. Ésta es una unidad de conservación de 275.000 hectáreas que fue creada por el gobierno peruano en 1990 para proteger las cuencas de los ríos Tambopata y Candamo. La zona de bosque prístino contiene 1.300 especies de aves, 32 de loros (el 10 % del total del mundo), 200 de mamíferos, 1.200 de mariposas y más de 10.000 de plantas vasculares. Justamente por esa diversidad es posible hacer allí tours de pesca, birdwatching y hasta cursos para estudiantes dictados por equipos de profesionales.

    Madre de Dios es el hogar ancestral de varios grupos indígenas como los Ese’eja, Machiguenga, Yine y Haramkbut, así como de alrededor de mil indígenas en aislamiento voluntario, que se internan en las selvas siguiendo el ritmo del bosque para sus actividades de caza y recolección. Casi todas las comunidades nativas de la región conservan su riqueza cultural y amplios conocimientos del bosque.

    Tambopata ofrece la posibilidad de tomar contacto con ellos, visitar sus villas, alquilar las canoas artesanales y hasta practicar tiro al blanco con arco y flecha. Lo que es aún más interesante es que algunas comunidades poseen hospedajes dentro de la selva y es posible realizar diversas actividades teniendo de guías los mismos habitantes de las comunidades indígenas. Se pueden hacer junto a ellos caminatas por senderos temáticos, navegación, observación de flora y fauna y hasta charlas especializadas.

    Pero la Reserva de Tambopata también atrae a los turistas amantes de la adrenalina y la aventura  a través de su sistema de Canopy WalkWay, constituido por puentes colgantes encima de la copas de los árboles, a cerca de 43 metros de altura. El circuito tiene 7 puentes, 8 plataformas en la parte alta de los árboles, una torre de observación de 35 metros de altura y espacios donde es posible hacer tirolesa.

    Esta reserva tropical reúne dos grandes collpas (grandes reservorios de arcilla), la del Colorado y la del Chuncho, donde se reúnen cerca de 500 guacamayos, loros y pericos todas las mañanas para ingerir este material en el barranco del río. Se trata de uno de los espectáculos naturales más grandes tanto de la Reserva como del país entero.

    El lago Sandoval, que para muchos es el más bello de los lagos amazónicos, el río Heath-Pampas, que recorre la única zona de la selva peruana con características de sabana, el Río Alto Tambopata donde es posible hacer canotaje con rápidos de clase 4 y 5, son otros de los atractivos de este gran rincón de la naturaleza.

    Lo cierto es que este tipo de destinos permiten que las comunidades indígenas empiecen a tomar iniciativas para incorporarse a los circuitos turísticos del Perú y también a los turistas encontrarse con una cara desconocida de este fabuloso país.

     


    Los Andes

     

     

     

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    Lunes, 11 Marzo 2019 18:01

    Tambopata: Un paraíso por conocer

    Si usted amable lector es amante del turismo de aventura, sin duda alguna le recomiendo conocer Tambopata, no se arrepentirá. El vuelo saldrá de Lima. Previa escala en la ciudad imperial, llegará a Puerto Maldonado,  a pocas horas de la frontera con Brasil y Bolivia.  Aventura pura y calma en la  bella selva amazónica. Aventura y calma, a la vez o alternadas.

    Desde el aeropuerto, para llegar a nuestro destino, un lodge en el corazón de la jungla peruana, hay que tomar una vía que alguna vez fue asentada y plana. A los lados de la trocha, cultivos de papayas, algo de ganado vacuno, invasiones y puentes a medio hacer. Promesas incumplidas que se han ido acumulando.La carretera nos lleva a Infierno, pueblo de inusual nombre al pie del río Tambopata, donde tomaremos una lancha con destino a la reserva natural del mismo nombre. Dejamos Infierno, vamos al esperado paraíso.

    Cabe destacar aquí el proyecto de ecoturismo de la Posada Amazonas el mismo que consiste en un acuerdo entre los pobladores de Infierno y un grupo de empresarios capitalinos. Estos los capacitarán y les darán empleo en el hotel y en los servicios turísticos que brinda. En el 2016 serán los propios pobladores los encargados de administrar  y dirigir el proyecto.

    Luego de una caminata se llega a una torre que se eleva a 47 metros para ver el atardecer sobre la selva, mientras se ven pasar dos bellos guacamayos, y se escucha el grito de monos aulladores, entre otros animales. El cielo se va con nvirtiendo en todos los matices que pueden existir entre el rojo y el azul.

    Es muy probable que al inicio no pueda conciliar el sueño. Es que pocas veces se puede dormir con todos los sonidos de la selva imaginables. Sin embargo es tanto el cansancio por las caminatas, que terminas profundamente dormido.

    Otro lugar imperdible es la laguna Tres Chimbadas la cual se creó de manera natural, cuando el río Tambopata cambió de curso. Actualmente esta parte alejada del cauce actual del río, luce aguas oscuras y sus orillas son el hogar de nutrias y caimanes que, si se tiene suerte se dejarán apreciar. En realidad es toda una aventura para ver de cerca a estos animales, que sin duda alguna son los favoritos de los directores de películas de terror.

    En la laguna o cocha hay al menos 17 especies de peces y que el shansho es el ave que domina esta parte de la reserva. Se trata de un ser de plumas escarlatas que emite sonidos graves.

    En fin Tambopata es un paraíso en el que podrá caminar por la majestuosa selva en busca de nuevas especies, por ejemplo. Toparse con ranas multicolores, monos aulladores, complejas colonias de hormigas y aves jamás observadas será una experiencia realmente enriquecedora.

    Por la noche, si las condiciones son óptimas, salir en una lancha a ver caimanes, nos recordará que la selva es de ellos. Al día siguiente podrá hacer canotaje. En tierra podrá esperar llegada de decenas de guacamayos a una collpa, un banco de barro al que acostumbran llegar para alimentarse de la tierra, una fuente de minerales irreemplazable en su dieta. Hay un espacio cercano a la collpa acondicionado para que los visitantes puedan apreciar a las aves sin intimidarlas con nuestra presencia.

     

    AERONOTICIAS

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    La Reserva Nacional Tambopata, es uno de los lugares naturales mas bellos e importantes del Perú, constituye una de las áreas naturales protegidas en Madre de Dios, esta zona cuenta con una gran riqueza en biodiversidad amazónica y es considerada una de las áreas más megadiversas del mundo. debido a que en esta zona hay escasa población esto ha contribuido a mantener intactos sus ecosistemas, sus bosques y ademas cuenta con muchos lugares aún por descubrir y entre su fauna hay aun muchas especies vivientes desconocidas para la ciencia.
     
    Se dice que cerca de un lodge en Tambopata se produjo el récord mundial de avistamiento de aves con 650 especies, mientras que en Cocha Cashu se dio el récord mundial de avistamiento de aves en un sólo día registrandose 361 especies, y aun hay muchas otras especies que se pueden encontrar en este paraíso de selva virgen como mariposas, monos, tapires, ronsocos, jaguares, y otras especies que habitan en estos parajes de paisaje exotico.
     
    La Reserva de Tambopata se ubica al sur del río Madre de Dios en los distritos de Tambopata e Inambari de la provincia de Tambopata, departamento de Madre de Dios; y cuenta con una extensión de 274,690.00 hectáreas las cuales son protegidas por el estado debido a que en este importante espacio natural se busca preservar la flora, fauna y todos los procesos ecológicos propios de la selva tropical. De este modo en la Reserva Nacional Tambopata se cuenta con procesos de conservación que aseguran el uso sostenible de los recursos naturales disponibles.
     
    Del mismo modo la cuenca del río Tambopata posee una impresionante diversidad biológica en el mundo. La Reserva Nacional Tambopata se ubica a lo largo en la zona media y baja de esta cuenca, que posee hermosos ecosistema, destacando los aguajales, pantanos, y los bosques ribereños. Esta reserva tambien se ubica contigua al Parque Nacional Bahuaja Sonene que la rodea íntegramente por el lado sur, formando con este una unidad de protección de alta importancia para el país.
     
    La Reserva Nacional Tambopata posee hábitats naturales principalmente acuáticos que son usados como paraderos de más de 40 especies de aves migratorias transcontinentales.de este modo se protege importantes especies que estan consideradas en vías de extinción, de este modo esta zona del Peru se convierte en un lugar priviligeado en el mundo entero y que le ofrece al turista la posibilidad de conocer un destino privilegiado para la observación de la diversidad de flora y fauna silvestre mas rica del mundo, ya que no solo posee una variedad considerable de especies animales, sino que también cuenta con mas de 10000 especies de plantas vasculares.
     
    Uno de los lugares más visitado por los turistas es el Lago Sandoval, ubicado en la cuenca del río Madre de Dios, este lago de ensueño está rodeado de palmeras repletas de guacamayos y se encuentra a solo media hora por río de la ciudad de Puerto Maldonado. Aqui puedes realizar recorridos en botes de paseo que alquilan los pobladores de la zona y los albergues, y durante el recorrido podrás apreciar las nutrias surcando las aguas y tambien cuentas con una torre que sirve de observatorio para una vista panorámica de toda la zona., simplemente aqui veras los mas exoticos paisajes en el mundo, de selva tropical donde aun no ha llegado el desarrollo destructivo del hombre.
     
    Aguas arriba del río Tambopata, se encuentran otros lagos importantes, tales como Cocococha, ubicado a 2 horas de Puerto Maldonado y Sachavacayoc, ubicado a 3 horas de Puerto Maldonado donde existe un área que es empleada por los turistas como un campamento para pasar la noche. también  encontraras en la cuenca del tambopata la quebradael Gato con su caída de agua, y cerca de allí se encuentran los rápidos de Baltimorillo.
     
    En las colpas de monte o de tierra adentro, se encuentran mamíferos como sajinos, huanganas y sachavacas.  todas estas colpas están ubicadas en la margen izquierda del río Tambopata, siendo las mas importantes las de Chuncho y Colorado, siendo la ultima la más grande collpa conocida en toda la amazonía peruana.
     
     
    Como llegar
    Para llegar al Tambopata primero debes llegar al Cuzco ya sea por vía terrestre o vía aérea, luego deberás tomar el vuelo Cuzco - Puerto Maldonado, para lo cual cuentas con diversas aerolíneas que cubren esta ruta diariamente. También cuentas con vuelos directos desde Lima a Puerto Maldonado con escala en Cuzco, que te tomara unas 2 horas aproximadamente incluyendo la escala.

    Una vez en Puerto maldonado se recomienda tomar un tour con un mínimo de 3 días y 2 noches para poder disfrutar plenamente de toda la zona. Las reservas debes hacerlas con anticipación, ya que el operador turístico tiene que gestionar el permiso de ingreso a la Zona Reservada de Tambopata. Ahora si deseas visitar las colpas de los guacamayos deberás contratar un tour adicional, lo cual te lo recomendamos.  
     
     
    Época ideal para visitar
    La mejor época para visitar Tambopata es durante los meses secos de Junio a Octubre.

     

     

     

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    Lunes, 11 Marzo 2019 17:55

    Los últimos iskonawas

    EN EL INICIO DE LOS TIEMPOS, el páucar asesinó a todos los jóvenes que se le acercaban, disparando las plumas de su cola como flechas.

    —¡Chiseketereeee! —decía acribillando a decenas de jóvenes desnudos, que caían muertos al pie de su árbol, un gigantesco árbol de maní—. ¡Ashpaketereeeee!

    Cuando ya no quedaba casi nadie vivo, se acercó un anciano hechicero al árbol gigantesco. El páucar lo miró un rato con sus ojos azules y luego le apuntó con la cola negra y amarilla.

    —¡No me matas! —gritó el anciano, llamado Hanobo—. Solo quiero tu maní.

    El páucar, agradecido de que por fin alguien se dignara a hablar con él, no solo dejó que el hechicero y su gente recolectaran el maní. Además, les enseñó a sembrar, a cocinar sus alimentos y a preparar la uma (un especie de chicha de maíz fermentado y plátano maduro).

    Desde ese día, la gente de Hanobo se llamó a sí misma “iskobakebo”, que significa “Hijos del Páucar”.

    Ahora, las tres últimas descendientes de Hanobo llaman a su pueblo “iskonawa” (algunos escriben isconahuas). “Isko” es páucar y “nawa” es foráneo, extranjero o, quizás, exiliado. 

    Pero de ellas y su exilio hablaremos más adelante.

    Todavía estamos en el inicio de los tiempos y los Hijos del Páucar acaban de conocer la agricultura y la cocción. A diferencia de sus vecinos, los shipibos, que son ribereños y que por eso tuvieron contacto rápido con la cultura occidental, los iskonawa se adentraron más al monte. No pescan; esa es una costumbre shipiba. Lo que más les gusta a los iskonawas es el sajino trozado y ahumado.

    (Eso sí, antes de cazarlo, le piden permiso a su yushin, su espíritu, tal como se los enseñó el páucar.)

    Los shipibos y los iskonawas hablan idiomas parecidos pero distintos. Como el español y el portugués. No son dialectos, son lenguas de la familia lingüística pano, extendida entre las cuencas amazónicas de los ríos Ucayali y Madre de Dios.

    El iskonawa es un idioma musical, lleno de verbos que son, en realidad, onomatopeyas. Esto, en teoría, evidenciaría una lengua poco abstracta. Sin embargo, también es bastante compleja: tiene hasta siete formas de conjugar el verbo en pasado (en español solo hay dos).

    Por ejemplo, tendrían una forma distinta para conjugar los verbos del siguiente párrafo:

     

    HACE MUCHO, MUCHO TIEMPO, los iskonawas eran cientos, quizás miles. Pero un día decidieron cruzar un río. Mala idea.

    Quizás por un momento se olvidaron de las lecciones del páucar y no pidieron permiso al río. Estaban a medio camino cuando, de pronto, una shushupe gigantesca, una víbora con un lomo como serrucho, tsaass tsaass tsaass y cortó los puentes que habían tendido. Los maderos cayeron res res res al agua.

    Un grupo había cruzado y el otro, no. Los Hijos del Páucar fueron separados.

    —Ahora somos enemigos —se dijeron de una orilla a la otra—. Cuando yo te vea, te voy a matar. Y cuando tú me veas, me vas a matar.

    Los que cruzaron el río siguieron rumbo hacia lo que no sabían que (o quizás todavía no) era la frontera con Brasil, hacia lo que ahora es el norte de la Zona Reservada Sierra del Divisor.

    En los últimos meses, la ONG Pronaturaleza y la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental han emprendido una campaña para convertir a la Sierra del Divisor en un Parque Nacional, la máxima categoría de protección ambiental posible. Un comité del gobierno deberá tomar una decisión en julio de este año.

    Buena parte de la zona reservada ya está lotizada a madereros, mineros y a la petrolera colombiana Pacific Rubiales. Ascenderla a Parque Nacional podría salvar a la reserva de la depredación total.

    Se dice que los iskonawas que viven en la Sierra del Divisor son “no contactados”, pero eso es un error. Hay reportes, que datan desde 1690 pero son más frecuentes en el siglo XX, de múltiples contactos con este pueblo. El patrón es el mismo: violencia. Asesinatos, robos, violaciones, esclavitud. No es sorprendente que su situación exacta sea, más bien, “en aislamiento voluntario”. Lejos de nosotros.

    Pero los que se quedaron de este lado del río no pudieron mantenerse aislados.

     

    HACE MEDIO SIGLO, la chica que todavía no se llamaba Juanita vio pasar un avión. Se asustó como si hubiera visto un meteorito. Pasó una, dos, varias veces. Volando bajito. Con mucho ruido. Y luego desapareció.

    Juanita sabía que el avión, o nai itsa en su idioma, no auguraba nada bueno.

    —Está viniendo mestizo para matar a nosotros —le dijo su joven esposo—.

    Pero no eran mestizos los que venían en el nai itsa, sino dos misioneros evangélicos norteamericanos: Clifton Russel y James Davidson, de la South American Indian Mision. Era agosto de 1959.

    Para entonces medio centenar de iskonawas vivían al pie del imponente cerro El Cono, quizás la última maravilla natural escondida del Perú. Su belleza simétrica, verde, solitaria, supera las palabras, en español o iskonawa. Ha sido llamado “el Alpamayo amazónico” por los pocos que han tenido el privilegio de toparse con él en medio de la más profunda selva baja ucayalina, al sur de la Sierra del Divisor.

    Para la chica que todavía no se llamaba Juanita, ese cerro era el Ruebiri y cantaba así:

    —Juoooooaaaaaaah, así hacía Ruebiri —dice Juanita, ahora una coqueta bisabuela—. Hueco era. Por eso cantaba. Entraba mi abuelo por el hueco, como puerta, para hablar con su yushin, su espíritu.

    Desde su avioneta, Russel y Davidson vieron las chacras de yuca al pie del Ruebiri. Y también vieron indígenas completamente desnudos. Los iskonawas vivían yurujaba, calatos. Algunos hombres se amarraban a la cintura un hueso de venado con el que se cubrían el pene. Las mujeres se colgaban una concha en el tabique nasal. Eso era todo. No hay un traje típico iskonawa; ellos vivían yurujaba.

    La Biblia manda vestir al que está desnudo. Así que los misioneros emprendieron una azarosa marcha de diez días hasta llegar al pie del Ruebiri, junto a sus guías, los shipibos Roberto Rodríguez y Sinforiano Campos.

    (Por ellos es que los iskonawas suelen apellidarse Rodríguez o Campos).

    Si se hubieran encontrado con cualquier otro quizás la historia habría terminado, violentamente, aquí. Pero el grupo tuvo la suerte de tropezarse primero con el jefe del pueblo, Chachibai, que estaba en su chacra junto a su hijo. Los shipibos se adelantaron y les hablaron en un idioma que para ellos debe haberles sonado como el francés a nosotros:

    —¡No nos matas! —entendió Chachibai que decían los shipibos—. Vas a comer maquisapa.

    Era su forma de ofrecerles una vida mejor: el maquisapa es una presa difícil de cazar. Chachibai accedió a llevarlos a su pueblo.

    Pero no, no vivieron mejor.

     

    HACE TRES AÑOS, el lingüista Roberto Zariquiey, especialista de la PUCP en lenguas amazónicas, estaba trabajando su tesis de doctorado en Ucayali, cuando le pidieron ayuda para una shipiba. Zariquiey fue al hospital de Yarinacocha y allí conoció a Nelita Campos, que estaba muy grave.

    —Yo no soy shipiba —le dijo Nelita cuando empezó a recuperarse—. Iskonawa soy.

    A Zariquiey se le encendieron todas las alertas. ¿Quedaban iskonawas vivos? En algunos catálogos idiomáticos el iskonawa figura como extinto. Los iskonawas contactados en los 50 se habían desvanecido, desperdigados por todo Ucayali.

    Aquella vez, Russel y Davidson no tuvieron mejor idea que “civilizarlos”. Los sacaron del pie del Ruebiri, los vistieron como manda la Biblia y los llevaron a Callería, a vivir a un poblado shipibo llamado Nuevo Jerusalén. Las enfermedades diezmaron a casi todos

    —Cuando vivía en Ruebiri no me enfermaba. ¡Nada! —dice Nelita, quien tenía unos 10 años cuando llegaron los misioneros—. Acá hay bastante enfermedad.

    Luego, en los 70, la hija de Russell murió ahogada en la selva y los misioneros regresaron a los Estados Unidos. Los pocos iskonawas sobrevivientes quedaron abandonados a su suerte. La mayoría se fue de Nueva Jerusalén. Una verdadera diáspora.

    Por medio de Nelita, durante tres años Zariquiey se dedicó a reunir a los últimos iskonawas "contactados". Su proyecto: la documentación, el registro y la revitalización del idioma iskonawa. A través de la PUCP, donde es profesor del Departamento de Humanidades, y la Tufts University, consiguió un financiamiento de la National Science Foundation.

    Según The Economist, salvar un idioma cuesta 192 mil dólares por un trabajo de tres años. Zariquiey y su compañero José Mazzotti, investigador de la Tufts, no han conseguido tanto dinero. Pero tienen un plan.

     

    ANTEAYER, llegamos al Zambito, una ex discoteca convertida en albergue en el caserío de San José, a 40 minutos de Pucallpa. Aquí, una decena de iskonawas, reunidos desde distintos rincones de Ucayali, está trabajando junto a Zariquiey, que les paga una remuneración semanal por su tiempo.

    De los diez, solo cinco, los más viejos, hablan iskonawa fluidamente y aseguran pensar en ese idioma. De ellos, dos, los varones, están casi sordos. José Rodríguez, que alguna vez se llamó Chibi Kanwa, se sienta y mira al grupo con una sonrisa. Pablo Rodríguez, esposo de Nelita desde que ella tenía 10 años y él 15, escucha un poco mejor pero, la verdad, tampoco aporta mucho.

    —Ya está viejo mi marido —se ríe Nelita.

    Lo cierto es que las mujeres iskonawas parecen envejecer mucho mejor que los hombres. Nelita, que ya debe pasar los 60 años, conserva una larga cabellera azabache. Más sorprendente aún es Juanita, la mayor del grupo, que ya tenía hijos cuando llegaron los misioneros en el 59 y que tiene solo una que otra cana por allí. Juanita casi no habla español, sino una mezcla de iskonawa con shipibo.

    —Mi irukuin —me dice con una sonrisa picarona.

    "Te está diciendo que eres bonito", me traducen. Lo malo es que me entero de que también le dijo lo mismo a Zariquiey.

    —Es gente muy cortés, muy cariñosa, muy física. Te tocan mucho cuando te hablan —explica el lingüista—. Y nunca me habían besado tanto.

    "Mi irukuin" es una forma encantadora de expresar simpatía, afecto, cariño. Si el iskonawa desaparece, nadie volverá a piropear así a nadie. Nunca más. Esa forma de amor se habrá perdido para siempre.

    Salvar lenguas es, cada vez con mayor apremio, una emergencia cultural en un mundo en el que, gracias a la globalización, algunos calculan que el 90% de idiomas habrá desaparecido dentro de 100 años.

    En el Perú, tenemos una gran riqueza idiomática: según la Unesco, albergamos más de 60 lenguas, la mayoría amazónicas (un fenómeno curioso: en las zonas calientes del planeta hay más diversidad de idiomas). La mayoría de ellas, también, en serio peligro de extinción.

    —Cuando pierdes un idioma —dijo Kenneth Hale, colega de Chomsky en el MIT— pierdes una cultura entera, una riqueza intelectual, una obra de arte. Es como tirar una bomba en un museo.

     

    AYER, Isabel se aburrió de hablar del pasado. Ella es la más joven de los cinco iskonawas y quiere hablar del futuro.

    Isabel es la hija de Juanita. Debe rondar los 55 años, era casi una bebé cuando llegaron los misioneros. A los 12 años su mamá la casó con alguien de 40, que le gritaba porque ella no sabía cocinar. Tuvo dos hijos, que se enfermaron y murieron.

    —Así mi vida pasando —dice—. Yo he sufrido.

    Por eso, ella quiere hablar del ahora y del mañana. Isabel denuncia que en la única comunidad iskonawa reconocida oficialmente, llamada Chachibai en honor a su último líder, casi no quedan iskonawas. Algunos shipibos, no todos por supuesto pero los suficientes, los maltrataban, se burlaban de "los calatos" y los trataban de ignorantes.

    El líder de Chachibai se llama William, un chico de 24 años que es mitad shipibo y mitad iskonawa y que también está trabajando con Zariquiey. William, jean a la cadera y polo apretado, acepta que la última familia iskonawa que queda en Chachibai es la suya.

    Los otros iskonawas denuncian que Chachibai, en el límite con la Sierra del Divisor, está tomada por los madereros. La última comunidad iskonawa, formada en el 2003 y protegida por la ley peruana, es, en realidad, shipiba y no está realmente protegida.

    Isabel sabe que hay dinero en el mundo para lo que en Lima llamamos "la inclusión social". Denuncia que Aidesep no hace nada por ellos y que hay gente que se hace pasar por iskonawa para acceder a beneficios.

    —Somos oro de gente —dice Isabel.

    Los iskonawas que trabajan en el Zambito se han dado cuenta de que rescatar su idioma también tiene un lado práctico. Necesitan hablar iskonawa para demostrar que pertenecen a una etnia con derechos.

    —Se han dado cuenta —explica Zariquiey— de que el idioma es una herramienta política de afirmación étnica.

    Después de semanas de trabajo a 35 grados y rodeados de mosquitos, Zariquiey, los iskonawas y un grupo de estudiantes de lingüística de la PUCP ya tienen listo el primer borrador del Diccionario Iskonawa.

    Aún continúan elaborando la gramática. Durante décadas, hablar iskonawa fue motivo de vergüenza, una evidencia de su pasado "calato". Para adaptarse tuvieron que aprender y usar el shipibo. Por eso, aún hoy, que se han convencido de la importancia de su propio idioma, a los iskonawas les cuesta no mezclarlo con el shipibo.

    Salvar un idioma no es fácil. Especialmente si solo quedan tres personas que lo usan para pensar.

     

    HOY, bailamos al estilo rewinki, abrazados en círculos. Una de las canciones pertenece al antediluviano género pachanguero de "hombres contra mujeres". Primero, ellos les dicen que les apesta la entrepierna; ellas responden:

    —Isan koro wistori —al parecer hay una palabra para definir específicamente al pene pequeño—. Epe uá katsari —o sea, además, apestoso como la flor de la papaya. Todos se matan de la risa—.

    Le pido a Isabel que me cuente un cuento que le contaban de niña y así aparece la historia de Rushumawi, el pelejo (una especie de perezoso): Había una vez un ladrón de plátanos. El principal sospechoso era un joven con la espalda llena de arañazos. Una noche, el dueño de la chacra de plátanos siguió al joven y lo descubrió todo: el chico robaba plátanos para conseguir los favores sexuales del perezoso. Por eso tenía la espalda arañada. El dueño de la chacra le tiró un flechazo a Rushumawi. Fin. Isabel se ríe de mi cara de desconcierto.

    El equipo de estudiantes de lingüística trabaja, sudando y llenos de picaduras de mosquitos, fascinado por las particularidades específicas del idioma iskonawa. No son solo las onomatopeyas y las siete formas de pasado. Hay muchas reduplicaciones. Por ejemplo: "comer" es pi; "estar comiendo" es pi pi. Los iskonawas tienen un oído melódico y divertido.

    —Waewaewaewaewae —así suena el inglés, según la desopilante imitación de Juanita de los misioneros—.

    Son pequeñas escenas de un trabajo de rescate que no terminará aquí. Un equipo de la PUCP, encabezado por Patricia del Río, está realizando un documental sobre esta labor de salvataje. Dentro de unos meses, Nelita y los más jóvenes serán capacitados en el uso de computadoras con software en iskonawa. La resurrección del idioma parece una utopía. No existe una escuela iskonawa para la que se puedan desarrollar módulos de enseñanza del idioma. Zariquiey planea elaborar juegos para que cada familia se los lleve a casa. Algo así como la privatización del rescate.

    La única pequeña luz de esperanza se llama Ian, el nieto de Nelita, de 3 años, que corretea por ahí hablando un poco de iskonawa. El mundo de los Hijos del Páucar se niega a morir.

    Ya nos hemos despedido cuando Juanita, Isabel y Nelita nos sacan a bailar un último rewinki. Bailamos abrazados en círculos. Ellas cantan una melodía que suena a pájaros, a felicidad y a hasta luego. Me da vergüenza preguntar por la traducción.

     

    Texto: Marco Sifuentes / INFOS 

    Fotografía: José Vidal

     

     

     

     

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